Acciones y territorios

“A los 61 años aprendí a avanzar sin miedo” La historia de Sonia

Cuando Sonia llegó a España desde Perú, pensó que dejaba atrás un entorno marcado por el machismo. Sin embargo, participar en los paseos contra la violencia le permitió descubrir que muchas violencias especialmente las más sutiles también estaban presentes en su día a día, aunque no siempre fueran visibles.

“Nunca había escuchado la palabra micromachismo. Me di cuenta de que todas lo habíamos vivido y lo habíamos normalizado”, recuerda. 

A sus 61 años, Sonia describe el proceso como un descubrimiento personal y colectivo. “Nunca había escuchado la palabra micromachismo. Me di cuenta de que todas lo habíamos vivido y lo habíamos tomado como algo normal”. El ejercicio de caminar, observar y mapear los espacios del barrio le permitió identificar desigualdades que antes pasaban desapercibidas: la ausencia de mujeres en ciertos trabajos, la distribución desigual de tareas de cuidado o la sensación de inseguridad en lugares que, en teoría, deberían ser protectores o seguros para las mujeres. 

El análisis de los activos comunitarios también le dejó una huella profunda. Al intentar identificar espacios seguros, se dio cuenta de que casi ninguno le generaba verdadera confianza. “Pensé que me sentía segura aquí, pero cuando hicimos el ejercicio, no pude nombrar más de un lugar. Eso me hizo pensar mucho”. 

Pero más allá del aprendizaje conceptual, Sonia destaca el valor emocional del proceso. Vivir lejos de su familia y en un pueblo alejado hacía que muchas veces se sintiera sola. “Para mí, cada paseo era como una terapia. Escuchar a las compañeras, abrazarnos, sentirme escuchada era como estar con mis hermanas otra vez”. A pesar de tomar dos autobuses para llegar, nunca dudó en asistir. “Salía renovada, con más energía. Me hacía bien al corazón”. 

El taller de movilidad en femenino y la bicicletada feminista marcaron un antes y un después. Sonia aprendió a montar en bicicleta a los 60 años, algo que describe como “recuperar una etapa de la vida que no había vivido”. La bicicleta se convirtió en una metáfora personal:

“Con la bici solo puedes avanzar. No puedes retroceder. Para mí significa eso: seguir adelante”. 

Su historia también está atravesada por experiencias duras vividas en Perú, donde acompañó a su hermana en situaciones de violencia machista. Ese pasado, sumado a su proceso migratorio, hizo que los talleres tuvieran un impacto profundo.  Hoy, Sonia camina con una mirada más crítica y consciente, pero también más acompañada.

“Me llevo alegría, fuerza y compañerismo. Cuando estamos unidas, podemos lograr muchas cosas. Solas es difícil, pero juntas sí se puede”. 

Su historia refleja el sentido más profundo de los paseos contra la violencia, crear espacios donde las mujeres puedan nombrar, comprender y transformar sus experiencias, fortaleciendo las redes que las sostienen.